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¿Puede acabar la digitalización con la globalización?

El proceso de Transformación Digital a la que se están sometiendo todas las industrias puede conllevar efectos que no habíamos previsto. Un nuevo libro investiga la posibilidad de que las exigencias del cliente conectado y la reconversión de la Industria 4.0, entre otros factores de la digitalización, frene la globalización de la producción en un futuro de la economía muy cercano.
En el libro “De lo global a lo local: La fabricación de los objetos y el fin de la globalización”  [From Global To Local. The making of things and the end of globalisation]  el Dr. Finbarr Livesey, experto en política pública, desarrolla su teoría de que a pesar de que la globalización sigue aumentando, algunas señales vaticinan un cambio radical en la producción y distribución que implicarán el traslado de sus centros productivos y logísticos a entornos más cercanos del consumidor.

Su argumento: Los robots y la huella de carbono

Para Livesey, los robots reducen los costes de fabricación por debajo del empleo de mano de obra en países con bajo nivel salarial, mientras que la preocupación por el medio ambiente del consumidor y de los estados, mueven a consumo local con menores emisiones contaminantes por causa del transporte.

Pero es más, las exigencias de plazos de entrega en el mismo día, o en horas como prometen Amazon y otros players del retail, imposibilitan centros de distribución alejados de los hogares.

Y para completar las razones por las que el autor cree que la globalización puede dar un giro inesperado, alude a la Impresión 3D y la posibilidad de que el centro de producción lo tengamos en nuestras propias casas. Más local, imposible.

“El aferrarse a historias asumidas sobre la economía global no es una opción, ya que los cambios tecnológicos y políticos se burlan de cualquier consenso pasado”. Afirma Finbarr Livesey

Algunos ejemplos de desglobalización

En su libro, Finbarr Livesey relata una serie de casos de estudio que reflejan a su juicio esta tendencia. Por ejemplo, la nueva “Speedfactory” de Adidas que utiliza la automatización y la impresión 3D para producir modelos en Alemania, en lugar de lo ya habitual de China o Asia del Sur.

O el caso de General Electric volviendo a producir aparatos en Kentucky al comprobar que resultaba más barato que hacerlo en China.

Igualmente, sin necesidad de políticas proteccionistas promovidas por los dirigentes del país, Foxconn estaría valorando la posibilidad de fabricar los componentes del iPhone en EEUU empleando cadenas de robots que sustituyan a las fábricas chinas con un menor coste.

Fabricar cerca para entregar en tiempo récord

Los gigantes de la distribución se enfrentan al reto de las entregas inmediatas para las compras generadas con eCommerce. A esta demanda de urgencia, se une la realidad del cambio de paradigma liderado por empresas como Zara, que emplea sólo cuatro semanas desde el diseño a la entrega en tiendas. La gran mayoría de sus competidores requieren ese tiempo sólo para trasladar la producción desde China o lugares remotos, sin contar con los riesgos de todo tipo, desde roturas en la cadena de distribución a robo de patentes.

El autor cita a Inditex como ejemplo del “nearshore” al hablar de la producción basada en España, Portugal y Marruecos.

En otros productos como los libros, se venden los archivos digitales para que el lector los imprima por su cuenta. Es el caso citado de la librería de Harvard y su “Espresso Book Machine“. Una idea en la que trabaja Amazon con sus patentes de impresión 3D móvil para convertirse en un distribuidor que pase de la hiper-globalización a la hiper-localización.

Fuente: University of Cambridge

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