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Conducción autónoma inspirada en los peces

El gran reto de la conducción autónoma es conseguir que miles de vehículos circulando sin conductor por las mismas calles, sean capaces de autorregularse entre ellos para evitar colisiones y atascos. Es una cuestión de seguridad, pero también de eficacia. La clave, según los expertos, está en la comunicación entre ellos. Gracias a estar conectados, hablarían unos con otros, compartiendo información de su funcionamiento y del entorno. Los investigadores buscan metodologías que automaticen al máximo ese proceso, y se han fijado en los bancos de peces.

La clave de la conducción autónoma está en el 5G

Con China apuntando a lanzar dentro de cuatro años redes móviles súper rápidas 5G que permitirán una comunicación rápida entre vehículos, la nación podría ser el banco de pruebas perfecto para la nueva tecnología.

Los defensores dicen que tal comunicación entre los vehículos, y entre ellos y la infraestructura vial, no solo reducirá el riesgo de colisiones, sino que también hará que el tráfico sea más fluido con menos atascos, haciendo que la experiencia de viaje sea más cómoda y menos contaminante.

Cuando un automóvil conectado frene, podrá comunicar datos al vehículo de atrás para permitirle a este último hacer lo mismo.

El 5G permitirá también que la infraestructura vial pueda controlar la velocidad a través de la intervención electrónica directa en un canal de “comunicación segura”, y coordinando las propias señales de tráfico.

Más coordinación en todo momento, desde el arranque

Los vehículos autónomos conectados también permitirán que se ahorre tiempo cuando se vuelva a encender después de que las luces se vuelvan verdes. Actualmente, los autos vuelven a ponerse en marcha uno por uno cuando el vehículo que tienen delante se mueve, creando una especie de efecto de acordeón. Pero que los autos estén conectados entre sí significará que “todos pueden volver a ponerse en marcha simultáneamente, como vagones de tren” explicó Guillaume Devauchelle, director de innovación del proveedor automotriz francés Valeo, un líder del automóvil de alta tecnología.

En los Estados Unidos las pruebas se están llevando a cabo en convoyes de camiones que se desplazan a corta distancia a lo largo de una autopista, siendo el vehículo líder el que guía a los demás.

 

Los bancos de peces como ejemplo de conducción autónoma

En 2009, los estudios realizados por el fabricante de automóviles japonés Nissan en el desarrollo de sistemas anticolisión, los ingenieros se fijaron en cómo los bancos de peces se desplazaban con éxito unos alrededor de los otros, aparentemente de forma caótica, pero sin colisionar entre ellos. La compañía entonces sacó metafóricamente los peces del agua para aplicar su movimiento al mundo del automóvil.

“Interconexión … significa salir en el momento correcto, detenerse en el momento correcto, tomar la ruta correcta en relación con los demás”, dijo Guillaume Crunelle, jefe de asuntos automotrices de Deloitte a la agencia Associated Press.

Los peces dentro de un banco tienen una visibilidad casi nula más allá de su compañero de delante. Simplemente, confían en el líder y en los que le rodean para tomar decisiones instantáneas. Los coches autónomos, confiarían en la información del que le precede. Por ejemplo, un conductor actual que se topa con un frenazo en la carretera, no sabe si es un perro, una persona o un bache. Conectados, cuando otro auto tiene una vista mucho mejor y sabe que es un perro, si es capaz de compartir la información podría ayudar a evitar un accidente.

Valeo también está demostrando una tecnología llamada XtraVue que permitirá ver exactamente lo que el vehículo de delante puede ver gracias a la transmisión de una señal de vídeo, lo que ayuda a que los adelantamientos sean una maniobra más segura.